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Autor: X Mae | Publicado: 3 de mayo de 2026

Bandera, panqueques y propaganda: el dinero oscuro que está pagando a tu influencer favorita para que le tengas miedo a China

Te están vendiendo una postura geopolítica disfrazada de receta de avena. Y no, no es paranoia: es un super PAC de 140 millones.

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Era 1° de abril y, mientras medio internet se ocupaba en bromas inocentes, Melissa Strahle —1.4 millones de seguidores, sonrisa de estudio fotográfico, bandera estadounidense ondeando detrás de su hombro derecho— subió un reel con esa musiquita instrumental que parece sacada de un comercial de seguros. «La IA me permite concentrarme en lo que más importa», decía mirando a cámara. Y entonces, casi al pasar, soltaba el verdadero mensaje del día: hay que invertir en American-made AI para que Estados Unidos lidere la innovación.

El video aparecía marcado como «publicidad». Lo que no aparecía por ningún lado era el nombre de quien había pagado por esa publicidad. Detalle menor, dirán algunos. Detalle gigantesco, diremos nosotros.

Porque resulta que Strahle no estaba sola. No fue ocurrencia espontánea ni convicción patriótica. Detrás del video hay una organización llamada Build American AI, un grupo registrado como sin fines de lucro que se conecta —por la puerta de atrás, como suele pasar con estas cosas— a un super PAC bautizado con el nombre cinematográfico de Leading the Future. Un super PAC con 140 millones de dólares comprometidos y unos 51 millones todavía calientes en la billetera, listos para gastar. Entre quienes lo respaldan figuran nombres que probablemente reconozcas si has leído algo sobre tecnología en los últimos cinco años: Greg Brockman, presidente y cofundador de OpenAI; Joe Lonsdale, cofundador de Palantir; el fondo de inversión Andreessen Horowitz; y la empresa de IA Perplexity. La crema y nata de Silicon Valley puesta a financiar lo que un sitio de noticias estadounidense llamó, con bastante elegancia, «un cofre de guerra política para la industria de la IA».

¿Qué están comprando exactamente con ese dinero? Influencia. Literal.

La campaña tiene dos fases, como las series de Netflix. La primera, ya rodada, era amable: mamás influencers, family content creators, chicas de lifestyle hablando bonito sobre cómo la IA les ayuda a organizar el desayuno o a planear cumpleaños infantiles. Megan Linke explicando que «es importante seguir construyendo IA aquí, en Estados Unidos». Uche Madson, desde Virginia, contándole a sus 412 mil seguidoras que hay que invertir en IA estadounidense para liderar la innovación. Todos los videos etiquetados como publicidad. Ninguno revelando que el cheque venía del mismo lugar.

La segunda fase —la que se está desplegando ahora mismo, mientras lees esto— ya no es tan zen. Ahora la consigna es China. Una agencia llamada SM4 está ofreciendo a creadores de contenido 5.000 dólares por video de TikTok para amplificar un mensaje muy específico: que el avance tecnológico chino es una amenaza directa a la seguridad y bienestar de los estadounidenses. Un empleado de la propia agencia lo resumió sin filtros a la revista Wired: «Quieren un empuje para mencionar a China y a Estados Unidos, y por qué ganarle a China es tan importante».

El guion sugerido a los influencers tiene la sutileza de un cartel de neón. Frases como: «Acabo de enterarme de que China está intentando con todas sus fuerzas vencer a EE.UU. en IA. Si lo logran, podrían acceder a los datos personales míos y de mis hijos, y llevarse trabajos que deberían estar acá. En la carrera de la innovación, ¡yo soy del Team USA!». Léelo de nuevo. Imagínalo dicho mientras alguien revuelve avena para los niños. Eso es exactamente lo que pide el documento de instrucciones que entregan a los creadores: hablar de IA estadounidense mientras hacen otras cosas, como «preparar el desayuno». Manual de propaganda con tutorial incluido.

Y aquí es donde la historia deja de ser un chisme de Silicon Valley y se vuelve algo que te concierne, aunque vivas en San José, en Bogotá o en Buenos Aires. Porque los datos no mienten —los del Pew Research Center, no los del super PAC—: 53% de los adultos estadounidenses obtienen al menos parte de sus noticias en redes sociales, y entre los jóvenes de 18 a 29 años, 38% consume regularmente noticias a través de influencers. Influencers que, a diferencia de los periodistas, no responden a códigos éticos, no tienen que revelar quién les paga más allá de un #ad genérico, y muchas veces ni siquiera saben de qué lado de qué guerra cultural los están parando.

Jamie Cohen, profesor de estudios de medios en Queens College de la Universidad de Nueva York, lo dijo sin maquillaje: «Estos influencers están aceptando dinero no revelado de la industria de la IA, están promoviendo los mensajes de empresas específicas, y el público no tiene ni idea. Es extremadamente corrosivo para la democracia». Y remató con la palabra que todos rondan pero pocos se atreven a usar: propaganda.

No todos pican el anzuelo, eso sí. Josh Murphy, ecólogo con 130 mil seguidores en Instagram, recibió la oferta y la rechazó. Su explicación es de las más lúcidas que se han leído al respecto: «La IA puede ser absolutamente utilizada para mejorar la humanidad, pero esta industria sin regulación que tenemos ahora, donde son simplemente tech bros persiguiendo codicia a costa de todo lo demás, no es lo que se supone que debería ser». Murphy dijo que no. Otros, claro, dijeron que sí. Cinco mil dólares es cinco mil dólares.

OpenAI, consultada al respecto, asegura que no tiene «afiliación corporativa» con Leading the Future ni con Build American AI, y que no les ha dado financiamiento. Palantir dice lo mismo. Pero los individuos que dirigen y cofundaron esas empresas sí aparecen entre los nombres del super PAC. La diferencia, en términos legales, es enorme. En términos de quién mueve la plata y para qué, es prácticamente inexistente.

Mientras tanto, en X, Build American AI publica anuncios con frases tipo «El liderazgo en IA es seguridad nacional» sobre fondo de bandera, y «Estados Unidos debe liderar o nuestros adversarios lo harán». La estética es la de un trailer de Michael Bay. La estrategia es vieja como el siglo XX: fabricar un enemigo, instalar el miedo, vender la solución.

La pregunta que queda dando vueltas, y que conviene hacerse antes del próximo scroll, es esta: cuando alguien con un millón de seguidores te explica con tono cálido qué tecnología te conviene apoyar y a qué país te conviene temerle, ¿estás escuchando una opinión, una conversación entre amigas, o un comercial político disfrazado de panqueque?

Y tú, ¿cuántas veces crees que te han vendido una postura política esta semana sin que te enteraras? Cuéntanoslo en los comentarios.


Fuentes