Nvidia quiere ser el mesías del código abierto. ¿O simplemente el que vende las velas?

La empresa que construyó su fortuna sobre hardware propietario ahora predica la libertad del open source. Detrás del altruismo tecnológico, hay una guerra de plataformas que nadie está nombrando como tal.
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Hay algo profundamente irónico en que la empresa que convirtió el bloqueo tecnológico en arte —cuyo sistema CUDA es famoso precisamente por encadenar a los desarrolladores a su ecosistema— aparezca ahora en San José con una plataforma de agentes de inteligencia artificial completamente abierta y disponible para todos. Incluso para quienes no usan sus chips.

La historia que nadie está contando del todo bien es esta: antes de su conferencia anual para desarrolladores, Nvidia está preparando el lanzamiento de algo que internamente llaman NemoClaw, una plataforma open source para agentes de IA pensada para el mundo empresarial. Y lo interesante no es qué hace. Lo interesante es por qué ahora.

«La empresa que construyó un foso con código propietario ahora quiere ser la que abre las puertas. La pregunta es: ¿a quién deja entrar, y a quién no?»

Para entender la jugada hay que mirar el tablero completo. OpenAI y Anthropic llevan años perfeccionando sus modelos de lenguaje, y lo han conseguido: sus sistemas son más fiables, más coherentes, más útiles. Pero siguen necesitando que un humano esté detrás, supervisando, corrigiendo, guiando. Son herramientas potentes que, sin embargo, requieren de un operador con paciencia y criterio.

Los agentes de IA —o lo que Silicon Valley ha bautizado como claws, como garras autónomas que ejecutan tareas secuenciales sin pedir permiso— son otra cosa. Están diseñados para operar solos: entran a tu sistema, leen correos, organizan archivos, ejecutan procesos, toman decisiones encadenadas. Y mejoran con el tiempo, o al menos eso prometen. A principios de este año, un proyecto llamado OpenClaw —antes Clawdbot, antes Moltbot, como si cambiara de nombre para confundir a sus críticos— hipnotizó al sector tecnológico por su capacidad de funcionar de forma autónoma en ordenadores personales. OpenAI acabó comprándolo y contratando a su creador, que es, en el vocabulario de Silicon Valley, la forma más elegante de decir «esto nos asusta y lo queremos bajo control».

NemoClaw permitirá a empresas de cualquier sector desplegar agentes de IA para sus propias plantillas, independientemente de si usan o no hardware de Nvidia. La plataforma incluirá herramientas de seguridad y privacidad. Nvidia ya ha contactado con Salesforce, Cisco, Google, Adobe y CrowdStrike para forjar alianzas.

Ahí es donde entra Nvidia. La empresa de Jensen Huang ha entendido algo que sus competidores aún están digiriendo: el futuro no es el modelo de lenguaje. El futuro es la capa de orquestación. La infraestructura que decide qué agente hace qué tarea, dónde viven los datos, quién tiene acceso y bajo qué condiciones de seguridad. Y quien controle esa capa controla el juego.

La lista de empresas a las que Nvidia ha contactado para construir alianzas en torno a NemoClaw no es aleatoria:

Sales force – CiscoGoogle – AdobeCrowd Strike

Son empresas con millones de usuarios corporativos. Empresas cuyos productos viven dentro de las organizaciones: en los sistemas de ventas, en la infraestructura de red, en los flujos creativos, en la ciberseguridad. Si NemoClaw se integra con ellas, no estará en el perímetro de las empresas. Estará en el corazón. Ahora bien: ninguna de estas compañías ha confirmado oficialmente que la alianza exista. Ninguna respondió a las preguntas de prensa. El silencio, en tecnología, suele hablar más alto que cualquier comunicado.

El modelo de negocio es tan elegante que produce cierto vértigo: al ser open source, los socios obtendrían acceso anticipado y gratuito a cambio de contribuir al proyecto. Es decir, Nvidia consigue que las empresas más influyentes del sector construyan su plataforma, inviertan su tiempo de ingeniería y creen el efecto de red, todo sin pagar un euro. La apertura como estrategia de expansión. El altruismo como acelerador de monopolio.

«El open source puede ser, paradójicamente, la forma más eficaz de construir una dependencia duradera. No te encadenas al código: te encadenas al ecosistema.»

Hay otro frente que merece atención. Los agentes autónomos en entornos corporativos no son solo una promesa tecnológica; son también una bomba de relojería para los departamentos de seguridad. WIRED reveló que empresas como Meta han pedido expresamente a sus empleados que no usen OpenClaw en sus ordenadores de trabajo, precisamente por la imprevisibilidad de estos sistemas. El mes pasado, una directiva de Meta responsable de la seguridad y alineación de la IA de la compañía contó públicamente cómo un agente se volvió incontrolable en su máquina y borró masivamente sus correos electrónicos. No fue un experimento de laboratorio. Fue su bandeja de entrada real.

Nvidia lo sabe. Y por eso NemoClaw promete capas de seguridad y privacidad como parte central de la propuesta. No como añadido. Como argumento de venta principal. La compañía que ya domina el hardware de IA quiere ahora dominar también el debate sobre qué es un agente «seguro». Quien define los estándares de seguridad define, inevitablemente, quién puede jugar y quién no.

Todo esto ocurre mientras Nvidia prepara también el anuncio de un nuevo sistema de chips para computación de inferencia en su conferencia de San José. Ese sistema incorporará silicio diseñado por la startup Groq, con quien Nvidia firmó un acuerdo de licencia multimillonario a finales del año pasado. Es decir, la empresa más valiosa del sector tecnológico diversifica sus apuestas: open source por arriba, nuevas alianzas de hardware por abajo. Una estrategia que recuerda, salvando las distancias, a cómo Microsoft construyó su dominio en los años noventa: no siendo el mejor en todo, sino siendo la infraestructura de todo.

La estrategia de software de Nvidia hasta ahora pivotaba casi exclusivamente sobre CUDA, un sistema propietario que ha sido durante años la envidia y la pesadilla del sector. Envidia porque funciona extraordinariamente bien. Pesadilla porque si construyes sobre CUDA, construyes para Nvidia. Punto. NemoClaw representa un giro copernicano en esa filosofía, o al menos en la retórica que la rodea. La pregunta real —la que nadie en la sala de prensa se atreve a formular directamente— es si la apertura es filosófica o táctica.

El sistema CUDA de Nvidia ha sido históricamente el principal «foso» competitivo de la compañía: un ecosistema propietario que obliga a desarrolladores a construir software exclusivamente para GPUs de Nvidia. NemoClaw, al ser compatible con hardware de cualquier fabricante, representa una ruptura con esa lógica… o una evolución de ella hacia terrenos más difíciles de auditar.

Hay una paradoja que late en el centro de todo esto. En un momento en que los laboratorios de IA más importantes del mundo —OpenAI, Google DeepMind, Anthropic— están desarrollando sus propios chips personalizados para reducir la dependencia de Nvidia, la respuesta de Jensen Huang no es competir en hardware. Es hacer que el software sea tan omnipresente, tan integrado, tan imprescindible, que el hardware pase a ser un detalle secundario. La infraestructura invisible es la más poderosa.

Cuando una empresa que ha construido su poder sobre la propiedad exclusiva decide abrazar el código abierto, ¿estamos ante una conversión genuina… o ante el movimiento más calculado de su historia? Y si NemoClaw se convierte en el estándar de facto para los agentes de IA empresariales, ¿qué significa exactamente que sea «libre» si el ecosistema que lo rodea no lo es?

Fuentes y Referencias

  1. Dave, P. & Zeff, M. — «Nvidia Is Planning to Launch an Open-Source AI Agent Platform», WIRED (2025). Investigación original basada en fuentes familiarizadas con los planes de la compañía. wired.com → Leer artículo original
  2. The Wall Street Journal — Informe sobre el nuevo sistema de chips de inferencia que Nvidia planea presentar en su conferencia anual, incluyendo la alianza con Groq.
  3. WIRED — Reportaje previo sobre empresas tecnológicas, incluyendo Meta, que han restringido el uso de OpenClaw en equipos corporativos por motivos de seguridad.