
Puerto Rico se prepara para una sacudida, no de esas que trae la temporada de huracanes —aunque estemos en ella, claro está—, sino de una magnitud que pocos se atrevieron a imaginar. Treinta conciertos. Treinta noches. Un solo hombre. ¿Quién? Benito Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, el “Conejo Malo” que ha redefinido el significado de ser una superestrella global sin abandonar sus raíces. ¿Qué está pasando? Una residencia de conciertos que, según las voces más optimistas, inyectará cerca de 200 millones de dólares a la alicaída economía de la isla. Pero, ¿es oro todo lo que brilla en este paraíso caribeño?
Desde este viernes, el Coliseo José Miguel “Don Cholito” Agrelot en San Juan, el icónico “Choliseo”, se convertirá en el epicentro de un fenómeno sin precedentes. Mientras Adele se encierra en Las Vegas y Céline Dion hace lo propio, Benito decide romper el molde y traer la fórmula a su tierra, a la que le dedicó su último álbum, «Debí Tirar Más Fotos». Un disco que, tras su estreno en enero, no solo conquistó las listas globales de Spotify y Apple Music, sino que se erigió como un homenaje sonoro a la cultura puertorriqueña, nutrido de salsa, bachata, merengue y hasta música jíbara. ¿Por qué Puerto Rico? Porque, según Noah Assad, su incondicional representante, y el propio Benito, era «imposible» comenzar la gira de un álbum tan intrínseco a la isla sin presentarlo primero «a su gente».
La narrativa oficial es cautivadora: un hijo pródigo que regresa para retribuir, para poner a su Puerto Rico en el mapa global una vez más, esta vez como un destino para mega eventos y residencias artísticas. Ya sabemos el dónde: el Choliseo. Y el cuándo: desde este viernes hasta el 14 de septiembre, rompiendo la sequía turística habitual de estos meses de huracanes. La promesa de 400.000 boletos vendidos, tres cuartos de ellos en solo cuatro horas, dibuja un panorama de prosperidad. Más de 200.000 personas visitarán la isla desde el extranjero, según estimaciones de los productores. Hoteles que vendieron 37.000 noches y ofrecieron paquetes «innovadores» con experiencias exclusivas, gestiones pactadas directamente con el equipo de Bad Bunny, Vibee y Discover Puerto Rico. La directora de mercadeo de Discover Puerto Rico, Glorianna Yamín, se muestra optimista, aunque cautelosa: esos casi 200 millones de dólares son «conservadores», solo contando los hoteles asociados. ¿Cómo se llegó a esa cifra?
La economista Indira Luciano, de la Universidad de Puerto Rico, no duda en respaldar la noción de que el impacto será mucho mayor. Sus cálculos, basados en un informe del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, sugieren que los visitantes extranjeros gastan un promedio de 156 dólares diarios, y los puertorriqueños que viajan a la capital, unos 70 dólares. Con solo la mitad de los 200.000 visitantes foráneos, y una estadía mínima de tres días, la inyección a la economía podría ser de 160 millones de dólares, y eso sin considerar las cifras de Discover Puerto Rico directamente del sector hotelero, lo que elevaría la cifra por encima de los 200 millones sin problema.
Pero aquí es donde la historia se torna más compleja, más cruda, más real. ¿Cuál es el verdadero alcance de este «milagro» económico? Se habla de 1.000 personas contratadas localmente para la producción, de puestos de comida en el Choliseo vendiendo desde bacalaitos hasta empanadillas. Es un festín, un jolgorio que promete empleo e ingresos. Sin embargo, la economista Luciano lanza una advertencia, una pincelada de realidad que desentona con el brillo de los millones: la distribución de esas ganancias podría no ser equitativa.
El grueso del impacto se concentrará en San Juan, la capital. Los locales de otros pueblos viajarán, sí, pero gastarán principalmente en la urbe. ¿Y el resto de la isla? ¿Los problemas de desplazamiento por gentrificación, la falta de servicios públicos confiables y una economía en contracción que el propio Benito ha denunciado en su música? ¿Serán tocados por esta marea de dólares? Discover Puerto Rico, con su página web y esfuerzos por «educar» a los visitantes sobre la cultura y los recursos naturales, intenta, de alguna manera, expandir la riqueza. Pero, ¿es suficiente?
Este evento, sin duda, es una prueba de fuego para la infraestructura de Puerto Rico. Un banco de pruebas para su capacidad organizativa y su oferta turística. La profesora Luciano lo pone en blanco y negro: “Todas estas visitas suponen una carga excesiva para los sistemas de transporte, las carreteras, al menos en el área de San Juan. El gobierno y las empresas tendrán que ingeniárselas para que dentro de todo eso, la experiencia para el visitante sea buena y quieran regresar”.
Bad Bunny y Noah Assad tenían claro que, de los 30 conciertos, nueve debían ser para los residentes locales. Una venta presencial, en nueve puntos de la isla, que generó filas kilométricas y un sentimiento de pertenencia. “Es el corazón de todo lo que Benito y yo hacemos: comemos, vivimos, tomamos, dormimos y pensamos en la comunidad todos los días”, afirmó Assad a Variety. Y añadió: “La residencia le enseñará al mundo el valor intangible de nuestro hogar”.
Pero, ¿es este el camino? ¿Dependemos de un “Conejo Malo” para inyectar vida a una economía que lleva dos décadas en contracción? ¿Es el entretenimiento de masas la panacea a problemas estructurales profundos? Es innegable el impacto inmediato y visible. Pero cuando el último acorde suene y el Choliseo se vacíe, ¿qué quedará más allá de los recuerdos y los millones contados? ¿Se habrán sentado las bases para una transformación económica sostenible, o simplemente habremos presenciado una inyección de adrenalina, espectacular pero efímera, en el cuerpo de una isla que sigue luchando por su salud a largo plazo?
