¿Grabar la Misma Realidad es un Delito? En Cuba, Parece Que Sí.

Autor: X Mae | Publicado: 29 de junio de 2025
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La verdad incómoda: Por qué filmar una cola en Cuba te puede costar la libertad.



Una escena cotidiana: una fila. No para un concierto de rock, ni para el estreno de una película. Una simple cola para comprar gas. ¿El escenario? Santiago de Cuba. ¿El protagonista? Julio César Duque de Estrada, un hombre de 56 años. ¿El «crimen»? Atreverse a documentar con su teléfono móvil la aglomeración. ¿El castigo? La Fiscalía pide para él cinco años y medio de prisión.

Cinco años y medio. Piénselo por un momento. Más tiempo del que tardaría en recuperarse de una lesión grave, más que la duración de muchos proyectos vitales. Todo por mostrar lo que era, lisa y llanamente: una necesidad básica sin resolver, un reflejo de la vida diaria para muchos cubanos.

Julio César no era un agitador profesional, ni buscaba el enfrentamiento. Era un ciudadano con un teléfono, capturando una imagen que hablaba por sí sola. Pero en Cuba, parece que ciertas imágenes están prohibidas, vetadas por un régimen que prefiere pintar una realidad paralela. Un agente de la Seguridad del Estado, un tal Mario Raciel Soulary Garcés, se lo dejó claro: «Deja de filmar». La negativa, un acto tan simple como defender la propia libertad de mirar y registrar, desató la furia del oficial. Un forcejeo, un intento de arrebatar el teléfono por la fuerza. La escena, nos la podemos imaginar, tensa, desigual. Un ciudadano desarmado contra la autoridad.

Y ahora, ¿quién paga el precio? Julio César. Acusado de Atentado, Resistencia y Desacato. El libreto ya lo conocemos. Se invierten los roles, la víctima se convierte en culpable, y el aparato represor se blinda a sí mismo. Soulary Garcés, un nombre que resuena con denuncias previas por violencia y abusos, queda impoluto. Su historial de conductas cuestionables parece ser un mero detalle, irrelevante para una Fiscalía convenientemente ciega.

La ironía punzante de este caso la encontramos también en el nombre de quien firma la petición fiscal: Lenna Sardina Santana, una joven abogada recién graduada, de apenas 26 años. Una persona que profesa la fe católica y que, paradójicamente, fue reconocida en su momento por las mismas autoridades que ahora defiende con tanta vehemencia. ¿Qué la lleva a apuntalar una acusación tan desproporcionada? ¿La presión del sistema? ¿La promesa de una carrera? Su decisión, consciente o no, contribuye a mantener entre rejas a un hombre que lleva nueve meses en prisión preventiva por ejercer un derecho fundamental.

Este caso no es una excepción aislada. Alexander Verdecia enfrenta una solicitud de diez años de cárcel por sus publicaciones en Facebook. Dos nombres, dos ejemplos de cómo el sistema judicial se pervierte para acallar cualquier voz discordante, para castigar a quienes osan mostrar la realidad sin filtros ni maquillajes.

La maquinaria de la represión se alimenta no solo de las órdenes de los más altos cargos, sino también de la colaboración de jóvenes profesionales que eligen ser piezas de un engranaje que tritura derechos. A ellos, a Lenna, a tantos otros, cabe recordarles que la obediencia ciega no exime de responsabilidad. Que la historia tiene memoria y que lo que hoy se percibe como poder inamovible, mañana puede ser sinónimo de vergüenza.

Julio César Duque de Estrada es mucho más que un nombre en un expediente judicial. Es un símbolo de la lucha por la libertad de expresión en un país donde incluso filmar una cola puede ser considerado un acto subversivo. Su único «delito» fue reflejar una verdad incómoda para el régimen.

¿Hasta cuándo permitiremos que se criminalice la mirada, que se castigue la simple documentación de la realidad?

Fuente: Periodista Mario J. Pentón.

Fuente Verificable: https://noticias.cubitanow.com/crcel-por-filmar-una-cola-el-rgimen-cubano-castiga-a-quien-se-atreve-a-mostrar-la-realidad