
Hace unas semanas, la revista The Cut —ese bastión del estilo de vida neoyorquino— lanzó un concepto que hizo arquear las cejas a más de uno: el «friction-maxxing». La idea, en teoría, es loable: dejar de usar tantas aplicaciones y dejar de buscar la gratificación instantánea para reintroducir «fricción» o esfuerzo real en nuestras vidas. Pero lo verdaderamente fascinante no era el consejo, sino el sufijo.
Sin darte cuenta, tu vocabulario ha sido colonizado. Términos que hace apenas tres años habrían hecho que te expulsaran de una cena familiar ahora son parte del léxico de periodistas, políticos y creadores de contenido. Hemos pasado de la jerga de los videojuegos a la de los foros más oscuros de la red sin pedir permiso. ¿Cómo terminamos todos hablando como «incels»?
La mutación de un virus lingüístico
El lenguaje tiene una naturaleza viral; muta y rompe cuarentenas. Lo vimos con la palabra «woke», que nació en el seno de la cultura afroamericana a mediados del siglo XX para referirse a la conciencia social y terminó siendo el arma arrojadiza de la derecha actual. Pero lo que está pasando con la jerga de la manósfera es diferente. Es una reconfiguración darwiniana de nuestra realidad social.
Todo comenzó a tomar forma en 2014, un año que marcó un antes y un después en la toxicidad digital. Mientras el mundo procesaba la tragedia de Isla Vista y los manifiestos de Elliot Rodger, foros como PUAHate, SlutHate y Lookism (la tríada PSL) cocinaban una nueva religión. En estos rincones de 4chan y plataformas similares, hombres que se definían como «célibes involuntarios» (incels) empezaron a ver el mundo como un mercado despiadado y jerárquico.
De ahí nació el «looksmaxxing», un término que roba la lógica de los juegos de rol (el min-maxing) para aplicarlo al rostro humano: elevar tus fortalezas físicas y minimizar tus debilidades para «ascender» en la escala social. Algunos lo llevan al extremo del «bonesmashing», una técnica tan absurda como peligrosa que consiste en golpearse la mandíbula con un martillo para provocar microfracturas y, supuestamente, generar un hueso más definido.
El ascenso de los «Chads» y el fin de los «Normies»
Si en los 2000 aprendimos lo que era el «negging» (insultar sutilmente para seducir), en esta década hemos aceptado que el éxito social es un juego de suma cero. Apareció el «mogging» (del acrónimo AMOG: Alpha Male of the Group), que no es otra cosa que humillar físicamente a alguien solo con tu presencia.
Pronto, el catálogo se volvió infinito:
- Jestermaxxing: ser el gracioso del grupo para compensar la falta de atractivo.
- Moneymaxxing: acumular riqueza con el único fin de comprar estatus sexual.
- Gigachad: el ideal platónico de la masculinidad inalcanzable.
Y mientras estos términos se filtraban en el discurso de los «normies» (tú, yo, el vecino), aparecieron figuras como Clavicular (Braden Peters), un streamer de 20 años en la plataforma Kick que ha convertido esta ideología en un espectáculo de masas. Peters, que presume de usar esteroides y se rodea de personajes vinculados al tráfico de personas y al nacionalismo blanco, vende una «academia» por 49 dólares para enseñar a los jóvenes a «ascender».
¿Ironía o aceptación silenciosa?
Lo más inquietante no es que estas palabras existan, sino que las estemos usando para todo. Hoy es normal leer en redes que «el Tribunal Supremo ha hecho un lawmog a Trump» o que alguien está haciendo «tariffmaxxing». Al convertir una teoría eugenésica y misógina en un meme divertido, le quitamos el peso de su odio, pero aceptamos sus premisas.
La risa y la ironía actúan como un lubricante social. Nos permiten decir «foids» (una deshumanización de las mujeres que pasó de female humanoids a simplemente foids) como si fuera una broma interna, ignorando que detrás de esa palabra hay un resentimiento profundo y, a menudo, una incitación al suicidio o a la violencia.
Hemos adoptado el mapa de carretera de una subcultura que desprecia la empatía y solo entiende el poder. Al final del día, si todos hablamos el idioma del resentimiento, ¿cuánto tiempo pasará antes de que empecemos a creer en sus reglas?
¿Estamos usando estas palabras para burlarnos de la toxicidad, o es la toxicidad la que nos está «moggeando» a nosotros para que aceptemos su visión del mundo?
Fuentes para profundizar:
- Análisis sobre la asimilación del lenguaje incel: Wired – Everyone Speaks Incel Now
- Investigación sobre el impacto de la manósfera en jóvenes: Reportajes de investigación de la plataforma Kick y seguimiento de figuras como Braden Peters (2025-2026).
- Evolución de la jerga digital y el Gamergate: Archivos digitales sobre cultura de internet y sociolingüística aplicada a redes sociales.
