El Espejismo de la Limpieza: Telegram y el Circo Sin Fin del Cibercrimen

Autor: X Mae | Publicado: 27 de junio de 2025
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Telegram decapitó el cibercrimen chino, pero el fénix de la estafa resurgió de sus cenizas. ¿Victoria o espejismo?



¿Recuerdas ese suspiro de alivio que soltamos hace un mes? Ese momento fugaz en el que pensamos: «¡Por fin! Alguien está haciendo algo al respecto». Hablo de Telegram, ese bastión de la privacidad (o eso nos han hecho creer), que un buen día decidió cortar de raíz el cáncer de los mercados negros de criptoestafas en chino. Una decapitación, así la describieron algunos, de los gigantes Haowang Guarantee y Xinbi Guarantee, esos bazares infames donde se movían miles de millones de dólares, producto del lavado de dinero y la explotación humana. Sentimos una punzada de esperanza, ¿verdad? Creímos en la justicia digital. Qué ingenuos fuimos.

Porque mientras nosotros celebrábamos la victoria, el silencio cómplice de Telegram hablaba más fuerte que cualquier comunicado. Vimos, casi en cámara lenta, cómo los mismos villanos, los mismos mercaderes de la desgracia, simplemente cambiaban de fachada, se sacudían el polvo y se reubicaban. ¿El escenario? El mismo: Telegram. Es como si la plataforma hubiera montado un espectáculo de limpieza solo para el público, mientras detrás del telón, la fiesta criminal seguía su curso.

¿Quiénes eran estos mercados? No eran simples foros clandestinos. Eran ecosistemas sofisticados que facilitaban el lavado de dinero, la venta de datos robados y el desarrollo de sitios web de estafas. Pensaban en todo. Y ¿Qué se movía allí? Cifras que marean. Antes de la supuesta purga de Telegram el 13 de mayo, Haowang Guarantee y Xinbi Guarantee habían habilitado transacciones por la asombrosa suma de $35 mil millones. Treinta y cinco mil millones de dólares, en su mayoría, provenientes de operaciones de criptoestafas que, lo más escalofriante de todo, utilizan la esclavitud moderna en campamentos de trabajo forzado en el sudeste asiático. Imaginen la miseria que esto genera.

Pero ¿Dónde están ahora? Ni siquiera tuvieron que irse muy lejos. Elliptic, una firma especializada en rastreo de criptomonedas, ha levantado la cortina para mostrarnos la farsa. Mercados más pequeños han crecido hasta llenar el vacío, como si fueran hongos venenosos brotando tras una lluvia. Uno en particular, Tudou Guarantee, con lazos con el ahora difunto Haowang, ha duplicado su tamaño. Su canal principal ya cuenta con 289.000 usuarios, pisándole los talones a los 296.000 que tenía Haowang antes de su «desaparición». Xinbi Guarantee, por su parte, reapareció sin siquiera molestarse en cambiar de nombre. Un descaro, ¿no creen? Tudou está moviendo alrededor de $15 millones al día en pagos cripto, casi lo mismo que facilitaba Haowang. Es decir, el negocio sigue, impune, robusto.

¿Por qué esta pasividad de Telegram? Tom Robinson, cofundador de Elliptic, lo ve claro: «Telegram reconoció que era actividad ilícita y el tipo que no querían alojar, por lo que eliminaron los canales y prohibieron los nombres de usuario asociados. Pero estaba claro que estas personas no se rendirían, que se transferirían a diferentes mercados». Y tenía razón. Si no los persiguen activamente, seguirán prosperando. Hemos visto publicaciones de Tudou Guarantee que no solo ofrecen servicios de lavado de dinero, sino también desarrollo de sitios web de estafas y, escalofriantemente, ¡prostitución, incluso con referencias a posibles menores! «Estudiantes, reinas, lolitas», se lee junto a fotos de mujeres jóvenes. Todo disponible.

Telegram, por su parte, se escuda en una defensa que roza el absurdo. Argumentan que los canales involucran principalmente a usuarios de China, donde los controles de capital obligan a los ciudadanos a buscar «vías alternativas» para mover fondos internacionalmente. ¡Cuál hipocresía! ¿Desde cuándo el fomento de la libertad financiera incluye la facilitación del lavado de dinero para estafas multimillonarias y el tráfico de seres humanos? Robinson, de Elliptic, lo desmiente rotundamente: «Estas son plataformas que facilitan principalmente el lavado de dinero de los ingresos del fraude y otras actividades ilícitas».

Erin West, una exfiscal ahora al frente de Operation Shamrock, una organización dedicada a desmantelar las operaciones de criptoestafas, lo dice sin rodeos: «Estos son los malos, permitiendo negocios de los malos en su plataforma de los malos». Telegram tiene el poder de desmantelar una economía criminal, de poner un freno a la trata de personas, y en su lugar, se ha convertido en el «Craigslist de los estafadores de cripto».

Quizás la inconsistencia de Telegram no tenga que ver con la «autonomía financiera», sino con algo más pragmático. Jacob Sims, de la Universidad de Harvard, sugiere que la designación del Departamento del Tesoro de EE. UU. a Huione Group (la empresa matriz de Haowang Guarantee) como una «preocupación principal por lavado de dinero» fue lo que impulsó a Telegram a actuar en mayo. Es decir, hasta que un gobierno no les ponga la soga al cuello, no hay incentivo para ser proactivos.

Y ¿Cómo termina esta historia? Con la misma pregunta que nos carcome el alma. La purga de Telegram demostró lo disruptivos que pueden ser cuando colaboran, sí. Pero también reveló la velocidad con la que los estafadores se adaptan. A menos que haya una responsabilidad legal real para las empresas tecnológicas por lo que sucede en sus plataformas ¿Qué los motivará a actuar?

Entonces, después de todo esto, me pregunto: ¿Realmente creemos que Telegram no puede hacer más? O, peor aún ¿Está la «libertad» que prometen a sus usuarios abriendo la puerta a una oscuridad mucho más profunda y perversa?


Fuentes Consultadas: